Por escrito gallina una

gallina

De la pluma de Julio Cortazar, el texto «Por escrito gallina uno»:

Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayo en la par, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.

Julio Cortazar, La vuelta al día en ochenta mundos

Revisemos la redacción de Cortazar:

1. ¿Qué dificultades presenta este texto?
2. ¿De qué se trata?
3. Caracteriza al emisor y al (los) receptor(es) del texto.
4. Reordena las palabras del texto escrito «Por escrito gallina una».

La dificultad que presenta el texto de Cortázar está dada porque se ha alterado su cohesión. Es decir, hay una desestructuración del mensaje que -en este caso- está en directa relación con la situación desde la cual se emite. Las gallinas han sufrido una extraña mutación que les ha otorgado la posibilidad de hablar; aunque no óptimamente. Por ello, es coherente el desorden de las palabras.

Cortázar, Julio (1968) La vuelta al día en ochenta mundos. Buenos Aires: Editorial Sudamericana

Normas generales de redacción

lapiz

Toda redacción, no importa el tema o extensión, debe ser un todo armónico; con una lógica comprensible; con un orden, pulcritud y sentido, para ello es necesario tener en cuenta las pautas siguientes:

  • Pensar bien el tema propuesto. Si ni se maneja o no se conoce a fondo la temática que desea tratar, es importante referirse a ella cabalmente. Se aconseja documentarse sobre el tema propuesto, para de ese modo adueñarse de su contenido.
  • Trazar un plan o guión. Un plan bien organizado es la base de una buena ejecución. Nos evita contrasentidos, repetición de ideas, falta de lógica, incoherencias, etc. Un plan previo nos permite tratar cada cosa a su debido momento; ayuda a situar los hechos, trabar la acción y llegar al desenlace de un modo natural y armónico. Este esquema de trabajo evita tener que retocar, añadir, acortar o trasladar frases o conceptos, que no estarían en su lugar si antes no lo hubiéramos ordenado.
  • Escriba con sencillez y naturalidad. Evite ampulosidad o grandilocuencia; generalmente son impropias en una redacción simple y sencilla. Valery daba este consejo: “Entre dos palabras debe escogerse la menor”. O sea, la menos ambiciosa, la menos estridente, la más modesta. Aunque escriba sobre un tema complejo, refiérase a él de un modo sencillo; tenga en cuenta que su finalidad es comunicar su pensamiento y no hacer gala de erudición.
  • Escriba con claridad. La claridad es fundamental en un texto escrito. Toda frase mal construida es, inevitablemente, oscura e incomprensible. La claridad de ésta reside fundamentalmente en la gramática. Por eso, tenga en cuenta las concordancias, la correlación de tiempo, el empelo adecuado de las proposiciones, etc. No escriba párrafos muy largos; éstos, si no están bien escritos, dan la impresión de pesadez y de escasa agilidad. Su construcción requiere cierta destreza. Emplee párrafos cortos, puntos y aparta, frases breves.
  • Utilice las palabras con precisión. Debe evitar el uso de barbarismos o vulgarismos de mal gusto, que son sinónimos de pobreza de vocabulario. No utilice voces o palabras de significación muy amplia y ambigua (como la palabra “cosa”), que por su misma amplitud no apunta a nada específico. Prefiera siempre la palabra concreta, que designe objetos y seres, a la palabra abstracta. Si, para los efectos de redacción, se ve en la necesidad de recurrir al uso de sinónimos, procure escoger el más adecuado.
  • Use correctamente los signos de puntuación. Los puntos, las comas, los signos de interrogación o de admiración, deben estar bien colocados; caso contrario, modifican radicalmente el sentido de la frase, y dificultan la comprensión de la misma.
  • Realice primero un borrador. Nadie, excepto una persona con mucho oficio, es capaz de hacer un escrito perfecto en el primer intento. Siempre existe alguna dificultad: puede que un giro quede mal construido, o que el adjetivo usado no sea el más adecuado, o que una idea secundaria haya quedado inconclusa, etc. Haga siempre un borrador y sométalo a un exhaustivo trabajo de pulimento. Revise cuidadosamente la forma y el contenido.
  • Profundice su lectura y conocimiento del idioma. Lea mucho, sobre todo a grandes escritores; fíjese en su prosa, analice su modo de expresarse, su arte de componer la narración, una escena o un retrato, la construcción del diálogo; ellos son y serán siempre el mejor procedimiento para aprender a redactar. También debe existir un progresivo conocimiento del idioma y un mayor dominio del vocabulario.

Redacción

redaccion

Toda expresión que se valga de la palabra escrita, logra su propósito de comunicación mediante el arte de redactar. Redactar, que etimológicamente quiere decir “poner en orden”, consiste en expresar por escrito los pensamientos e ideas previamente ordenadas. El propósito de la redacción es combinar palabras, frases, períodos, párrafos y textos, para, a través de ellos, verter ideas ya elaboradas, de manera que se produzcan en un todo armonioso, capaz de ser debidamente comprendido. En otras palabras, la redacción podría definirse como una composición literaria en la que se desarrolla, de una manera completa, correcta y elegante, un tema determinado, dentro de ciertos límites de amplitud.

La redacción es fundamental si deseamos consignar algo por escrito. Cualquier texto que queramos suministrar, cualquier impresión que deseemos transmitir a través de la palabra escrita, no son ni más ni menos que una redacción. Su trascendencia es enorme, pues, si bien la palabra transmitida en forma oral, vuela y se desvanece, lo escrito, por el contrario, se perpetúa: puede leerse, releerse, meditarse, y, a través de ello, el lector puede formarse una idea completa de lo que piensa y quiere decir el escritor. Debido a ello, es muy importante que se tome en cuenta lo siguiente:

  • Al inicio, antes de escribir, se debe pensar qué se va a escribir.
  • Es necesario saber qué mensaje se desea comunicar.
  • Debe preguntarse sobre a quién va destinado lo escrito.
  • Utilizar el tono y el lenguaje apropiados en la escritura.

La forma y el fondo.

Todo tipo de redacción, como cualquier manifestación literaria o artística, debe poseer dos elementos básicos, que son la forma y el fondo, ya que de nada sirve tener ideas originales y acertadas, si no se pueden expresar con la debida corrección. Tampoco reporta utilidad tener un amplio dominio del idioma si no se tiene nada que decir.

La forma, el cómo decirlo, es el modo particular que se posee de expresar una idea, lo que llamamos técnicamente redactar. Resulta un poco difícil instituir normas rígidas y concretas sobre la manera de redactar, ya que la expresión de nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, vivencias y conceptos está sujeta a fenómenos tanto artísticos como científicos. En el primer caso, la expresión de nuestros pensamientos está atada al entorno y variaciones del momento, del lugar, la moda, etc. En el segundo, está cambiando a cada instante por los procesos de la fonética, la lingüística y la gramática, debido a que el idioma evoluciona día a día.

Por otra parte, la forma o el modo de expresarse es algo personal que está íntimamente ligado a factores tan distintos, como son la educación, el temperamento, el medio ambiente, etc., que no se puede hablar en un estilo único y perfecto. Cada persona tiene su manera, y crea su propio estilo de redacción; así puede deducirse que hay tantos estilos como personas.

Establecer una forma de redactar equivale a formarse un estilo. Para ello es necesaria además de una cierta predisposición natural, una labor asidua y un gran sentido de superación; y por eso comporta, a un tiempo, estudiar actitudes, pulir la sensibilidad, perfeccionar los gustos, desarrollar las dotes de observación, orientar los sentimientos, elevar el espíritu hacia nobles ideales; en pocas palabras, definir una forma de redactar es equivalente a definir la personalidad.

El fondo. Toda redacción debe versar, claramente, sobre algún tema propuesto de antemano. Entonces, las ideas sugieren dicho asunto y que han de servir para su desarrollo, constituyen el fondo de la redacción. En otros términos, el fondo equivale a qué decir.

Algunas causas que colaboran a una mala redacción, y que deben evitarse, son las siguientes:

  • Comprender mal el tema.
  • Enfocarlo desde un ángulo indebido.
  • Tratarlo en forma parcial.
  • Dar mayor importancia a los aspectos secundarios que a lo principal.
  • Desarrollar un tema de manera muy superficial.
  • Decir banalidades.

 

La escritura y los géneros textuales

escribir

Escribir, y escribir bien es una condición básica para una buena comunicación. La claridad y precisión en lo que se desea transmitir redunda en el éxito o fracaso del entendimiento entre individuos y organizaciones. En plena era de la información, todo profesionista debe ser experto en comunicación.Sea médico, agrónomo o enfermera, si no sabe comunicar lo que sabe, es como si no lo supiera. Debe ser elocuente para informar a los niveles superiores sus proyectos e ideales.

La calidad de la comunicación está directamente relacionada con la calidad de lo que escribimos e impacta el desarrollo de nuestras acciones, sobre todo hoy, donde las fronteras entre países comienzan a desaparecer y el privilegio de la palabra aflora como elemento negociador, de persuasión y de información de particulares y corporaciones.

Escribir implica poder expresar de manera adecuada aquellas ideas que deseamos transmitir, considerando contenido y forma. Escribir es la capacidad de expresar información de forma coherente y correcta para que la entiendan otras personas. Esto implica claridad y precisión de ideas, estructura, congruencia, estilo y tono, por mencionar algunos. Un buen escritor requiere saber escribir, y esto significa contar con ciertas habilidades y competencias que puede adquirir a través del manejo de los procesos que permiten desarrollar una buena calidad de escritura. Los propósitos para escribir pueden ser múltiples y variados, desde vender hasta narrar; los objetivos pueden diversos, pero todos finalmente requerimos desarrollar esta habilidad, que va más allá de lo aprendido en la escuela.

Narrativas digitales

Somos fabricantes de historias. Narramos para darle sentido a nuestras vidas, para comprender lo extraño de nuestra condición humana. Los relatos nos ayudan a dominar los errores y las sorpresas. Vuelven menos extraordinarios los sucesos imprevistos al derivarlos del mundo habitual. La narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo previsible y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación”

Jerome Bruner

Narrar es relatar -de manera oral o escrita- qué y cómo ha ocurrido un suceso. Es decir, que es una forma de dotar de significado a la experiencia del mundo. En el sentido tradicional que nos enseñó Aristóteles, contar una historia supone una trama con planteamiento, nudo y desenlace en la que un grupo de personajes lleva a cabo acciones cuyas consecuencias últimas acabamos conociendo al final de la obra. Sin embargo, esta linealidad y cohesión de la narrativa tradicional resultan insuficientes a la hora de entender el mundo actual que exige el desarrollo de nuevas competencias.

Construir  historias digitales organiza la presentación  y comunicación de ideas y así entonces facilita la transmisión de conocimientos.  Para Jason Ohler, “mediante la creación de narrativas digitales, los estudiantes se convierten en creadores activos, en lugar de consumidores pasivos de contenidos multimedia”. Por eso, las narrativas digitales tienen tanto que aportar al campo de la educación y la comunicación.

Las TIC nos ayudan a contar una historia en unos pocos minutos, usando recursos tecnológicos y generando algún tipo de emoción en un otro que observa y escucha pero de modo activo cuando interactúa y comparte.

El interés educativo y comunicacional de los relatos digitales se deriva de varios aspectos que coinciden de forma simultánea. Por un lado, son un formidable medio de expresión que vehiculiza la construcción de la identidad individual y colectiva cuando apela a la emoción. Por el otro, hay en esta técnica otras ventajas relacionadas con la capacidad de desarrollar competencias:

  • Su relación con las prácticas digitales como formas de alfabetización digital avanzada.
  • El uso crítico en la toma de decisiones sobre las formas de representación y expresión más adecuadas para transmitir mejor lo que se desea.
  • Motivar el abordaje de contenidos en clase.
  • Anclar y situar el aprendizaje mediante actividades interactivas haciéndolo significativo.

Entonces, aunque no es común contar una historia en una clase de matemática, las posibilidades didácticas de estos relatos digitales nos abren la puerta a la creatividad y se vuelven significativos en cualquier ámbito.

Así podemos contar historias para aprender, convencer o reflexionar sobre un teorema matemático, sobre el funcionamiento de un órgano del cuerpo humano o compartir un hecho histórico cuando se la usa en el ámbito educativo.

Del mismo modo, podemos aprender a tomar decisiones, captar la atención de clientes y usuarios, así como facilitar el encuadre de conflictos y la solución de problemas dentro de las organizaciones.

Construir historias y encontrar la mejor manera de contarlas permite además del desarrollo de competencias, el diseño de narrativas digitales para mostrar algo diferente y que  se recuerde nuestro “Había una vez…” .

¿Compartimos historias…para aprender, motivar y comunicar?

Olga García Araya y Marcela González Rosada

Tutora y Coordinadora en Net-Learning

Adecuación, coherencia y cohesión

Texto PropiedadesEl valor comunicativo de todo texto se encuentra con dos clases de propiedades: superficiales y profundas. Las primeras son las que se notan a simple vista; nos referimos a la ortografía y el uso correcto de los signos de puntuación. Las segundas van más allá de lo que capta la mirada y hacen al escrito diferente de todos los demás:

  • Adecuación: cada texto ha sido escrito para ser utilizado en un momento y con un fin determinados.
  • Coherencia: las ideas de un escrito están enlazadas de manera lógica y ordenadas mediante los nexos y los signos de puntuación para permitir la comprensión.
  • Cohesión: cualquier texto constituye una unidad con un principio, un desarrollo y una conclusión; pero al mismo tiempo, cada una de sus partes, así como los párrafos, son independientes entre sí.

A continuación se expone sucintamente cada uno de estos grupos de conocimientos que domina un hablante o un escritor. Además se explica qué es cada grupo y qué tipo de reglas incluye, ejemplificándose los puntos más importantes con un texto comentado.

Adecuación

Cualquier lengua presenta variaciones: todos los miembros de la comunidad lingüística no hablan ni escriben de la misma forma, tampoco utilizan la lengua del mismo modo en las diferentes situaciones comunicativas. Primeramente, cada persona puede escoger entre usar su variedad dialectal o el estándar. En segundo lugar, cada situación requiere el uso de un registro particular que está determinado por el tema del que hablamos o escribimos (general o específico), por el canal de comunicación (oral o escrito), por el propósito perseguido (por ejemplo, informar u convencer) y por la relación entre los interlocutores (formal o informal). Por ejemplo, si hablamos con un amigo de temas generales, posiblemente le diremos que nos duele la garganta; mientras que, si vamos al médico, nos diagnosticará una faringitis o laringitis. No utilizaremos las mismas frases o palabras si escribimos una carta a alguien o si le telefoneamos para decirle lo mismo. Si queremos informar a alguien seremos objetivos e imparciales; sin embargo, si lo que pretendemos es convencerle, seremos subjetivos y parciales. Estas elecciones tienen también implicaciones importantes: puede que algunas personas desconozcan qué es una faringitis o laringitis y los desconocidos podrían molestarse y pensar que somos unos maleducados si utilizamos expresiones vulgares.

La adecuación es la propiedad del texto que determina la variedad (dialectal/estándar) y el registro (general /específico, oral/escrito, objetivo/subjetivo y formal/informal) que hay que usar. Los escritores competentes son adecuados y conocen los recursos lingüísticos propios de cada situación. Saben cuándo hay que utilizar el estándar y también dominan los diferentes registros de la lengua (por lo menos los más usuales y los que tienen que usar más a menudo). Gregory y Carroll (1978) han estudiado este tema a fondo.

Coherencia

Hay informaciones relevantes, que son apropiadas para el texto, y otras irrelevantes, que son superfluas e innecesarias. Cuando hablamos y escribimos debemos saber discriminar estos dos tipos de informaciones. Por ejemplo, en un curriculum vitae elaborado para solicitar un trabajo de traductor, hay que incluir informaciones sobre el conocimiento de idiomas, sobre la experiencia laboral adquirida en este campo y otros afines, las obras traducidas, etc., pero no hace falta mencionar otras actividades laborales (camarero, vendedor de enciclopedias, ele.). Cuando hablamos coloquialmente y no se ordenan las informaciones de manera lógica y comprensible, se nos sugiere que hay que estructurar de una manera determinada las informaciones relevantes. Por ejemplo, en el caso del curriculum vitae se suelen dar primero los datos personales (nombres, direcciones, edad, etc.), después los títulos y los estudios (carreras, cursillos, etcétera), las experiencias laborales, las publicaciones, etc., y no sería coherente saltarse este orden, mezclando trabajos con estudios o publicaciones con títulos.

La coherencia es la propiedad del texto que selecciona la información (relevante/irrelevante) y organiza la estructura comunicativa de una manera determinada (introducción, apartados, conclusiones, etc.). Teun A. Van Dijk (1977 y 1978) ha propuesto la noción de macroestructura para caracterizar estos dos aspectos. La macroestructura de un texto es la “representación abstracta de la estructura global de su significado”. Es un tipo de esquema que contiene todas las informaciones del texto y las clasifica según su importancia y sus interrelaciones (gráficamente tiene forma de árbol con corchetes o flechas que se ramifican). Los escritores competentes dominan este tipo de estructuras y las utilizan para construir y organizar el significado del texto.

Cohesión

Las diferentes frases que componen un texto se conectan entre sí formando una densa red de relaciones. Los mecanismos que se utilizan para conectarlas se denominan formas de cohesión y pueden ser de distintos tipos: repeticiones o anáforas (la aparición recurrente de un mismo elemento en el texto, a través de la sinonimia, la pronominalización o la elipsis), relaciones semánticas entre palabras (antonimia, hiponimia), enlaces o conectores (entonación y puntuación, conjunciones) etc.

Así pues, la cohesión es la propiedad del texto que conecta las diferentes frases entre sí mediante las formas de cohesión. Estos mecanismos tienen la función de asegurar la interpretación de cada frase en relación con las demás y, en definitiva, asegurar la comprensión del significado global del texto. Sin formas de cohesión, el texto sería una lista inconexa de frases y la comunicación tendría grandes posibilidades de fracasar, puesto que el receptor debería conectar las frases por sí solo, sin ninguna indicación del emisor y con un elevado margen de error.

Revisión Ortográfica

La escritura solo se mejora cuando somos capaces de corregir los errores gramaticales y de redacción, de puntuación y de ortografía. Revisa el siguiente material:

Materiales para la revisión ortográfica

Practica y ejercita la escritura diariamente.

¡Cuidado con las palabras!

PalabrasPensamiento

Las palabras son así, disimulan mucho, se van juntando unas con otras, parece como si no supieran a dónde quieren ir, y, de pronto, por culpa de dos o tres, o cuatro que salen de repente, simples en sí mismas, un pronombre personal, un adverbio, un verbo, un adjetivo, y ya tenemos ahí la conmoción ascendiendo irresistiblemente a la superficie de la piel y de los ojos, rompiendo la compostura de los sentimientos, a veces son los nervios que no pueden aguantar más, han soportado mucho, lo soportaron todo, era como si llevasen una armadura
Saramago, José. “Ensayo sobre la ceguera.
Las palabras aguardan para ser utilizadas. Dependen de la arquitectura en nuestras frases para que comuniquen una idea, tengan sentido y expresen nuestro pensamiento. Cada una, por sí misma, lleva consigo su significado. Y por ello, el cuidado en su uso es imprescindible, para que comuniquen lo que queremos y se alejen de lo que no deseamos comunicar.