Estilo, imagen y credibilidad

Entre las cualidades que debe tener todo orador se destaca la credibilidad, caracterizada por otras tres cualidades, que son: honestidad, conocimiento y dinamismo. La credibilidad tiene que ver también con la buena reputación del orador para obtener la aceptación de su mensaje, además de estar bien preparado, es decir, tener conocimiento, competencia y experiencia sobre el tema. Y, además de esto, está estrechamente relacionada con la honestidad consigo mismo y con su público. El dinamismo se refiere especialmente a la imagen del orador, y habla de una persona activa, franca y valiosa.

El público, guiado por prejuicios de toda índole, puede dar o quitar credibilidad. Y ante estos, según la sugerencia de Bettinghause, se puede trabajar en: mantener una actitud favorable con un mensaje adecuado cuando no hay conocimiento en el público del orador; hacer que el público se identifique con el orador; desarrollar una buena reputación; esforzarse por presentar el mejor mensaje; asociarse con personas de buena reputación; informar al público de las actividades importantes, especialmente las relacionadas con el tema que trataremos en la conferencia.

El buen orador debe tener credibilidad. ¿En qué consiste este fenómeno intangible? ¿Cómo puedo lograr que mi público me estime, me crea, piense que tengo razón y que la información que le estoy ofreciendo es correcta? ¿Cómo tengo que hacer para que me acepten? Éstas son preguntas que inquietaron a los antiguos griegos y que nos siguen interesando hoy.

Resultados de estudios contemporáneos sobre credibilidad nos informan de las tres cualidades que un público percibe en el orador que posee tal cualidad (Brémbeck y Howell 1976:251‑265): honestidad, conocimiento y dinamismo. La honestidad se refiere al ethos, el carácter del orador. Los antiguos griegos eran conscientes de la importancia de esta cualidad en el buen orador. Aristóteles apuntó a la importancia de ella al considerarla “la forma más potente de la persuasión”. Insistió en que el orador debe tener siempre un propósito moral y que no debe persuadir a que el público haga o piense mal (Kennedy 1963:123). Quintiliano puso énfasis en la reputación del orador, y en tal sentido consideraba que una persona de mala reputación tendría dificultad en obtener la atención y aceptación de su público (Brémbeck 1976:253). Al reconocer el elemento de reputación del orador nos damos cuenta de que éste influirá en la recepción del mensaje. Puede ser que el público conozca muy bien al orador o que sólo haya oído de él indirectamente, pero siempre tendrá una idea previa sobre su persona.

Aristóteles reconoce la importancia de tener una buena reputación para obtener la aceptación del mensaje; sin embargo recomienda que el orador prepare bien su mensaje y que no dependa totalmente de su imagen previa» (Brembeck, 1976:253). Recordemos que Abraham Lincoln dijo: “Puedes engañar a algunas personas siempre, y puedes engañar a todas las persona a veces, pero no puedes engañar a todas las personas siempre”. Y en Numancia, Cervantes dijo:

Jamás la falsedad vino cubierta tanto con la verdad, que no mostrase, algún pequeño indicio, alguna puerta por donde su maldad se investigase.

El orador debe ser honesto consigo mismo y con su público: debe desarrollar una reputación de persona honesta si pretende que el público acepte su mensaje.

El conocimiento se refiere a la competencia y nivel de experiencia que el orador tiene sobre el tema. Un orador que es reconocido como experto en la materia puede esperar más aceptación de su mensaje que otro que no goza de este reconocimiento.

El dinamismo se refiere a la cualidad mediante la cual el orador es percibido por el público corno una persona activa, franca y valiosa (Bettinghaus, 1973:106).

Estas tres cualidades van a determinar la credibilidad del orador ante su público. Es importante subrayar, sin embargo, que la credibilidad no reside en la persona sino que depende de las percepciones que tiene el público de ésta (Bettinghaus, 1973:104).

Estas percepciones siempre van a ser regidas por filtros de prejuicios positivos o negativos hacia el orador. El prejuicio va dirigido a algunas características del orador: edad, sexo, raza, cultura, clase socioeconómica y sistema político a que pertenece, etc. En parte, estas características van a determinar si el público le atribuye al orador las cualidades de honestidad, conocimiento y dinamismo.

Existen varios y diferentes públicos y los prejuicios que tienen también varían. Por ejemplo, un público que en su mayoría es antifeminista difícilmente va a atribuir conocimiento a una mujer. De la misma manera un público que tiene actitudes favorables hacia España muy probablemente atribuirá a un orador español mucho conocimiento incluso antes de que empiece a hablar. En general un público que cree que los jóvenes de hoy son poco responsables le otorgará más credibilidad a un médico de 50 años que a uno de 28. Para un Club de Leones, seguramente Leonard Bernstein, hablando sobre la música, tendrá más credibilidad que Rigo Tovar hablando sobre el mismo tema. Sin embargo, para un grupo de jóvenes trabajadores Rigo Tovar tendrá más credibilidad que el para ellos poco conocido Bernstein.

Que el público siempre percibirá al orador a través del filtro de los prejuicios, tanto positivos como negativos, no debe desilusionar al futuro orador. Recordemos que Aristóteles recomendaba que el orador debía poner todas sus energías en elaborar un mensaje que gane aceptación para él .y dé información, mejorando así su credibilidad. No todo el mundo puede ser presidente de la república, ni rector de una universidad. El prestigio que estas personas tienen, por el puesto que ocupan, les da credibilidad ante casi cualquier público, aun antes de que empiecen a hablar. Si la mayoría de nosotros no ocupamos puestos de tan alto prestigio, ¿cómo podemos, entonces, los Juan Pérez, mejorar nuestra credibilidad?

Bettinghaus (1973:111‑115), citando resultados de estudios contemporáneos sobre credibilidad, nos da algunas sugerencias a este respecto:

1) Cuando la fuente es desconocida, los receptores generalmente le evalúan positivamente. Es decir, la actitud del público en el caso de una fuente desconocida es la de espera. La implicación práctica para el orador es que en la mayoría de las ocasiones, si el público no le conoce, puedo contar con una actitud previa favorable. Es responsabilidad del orador mantener esta actitud favorable presentando un mensaje adecuado.

2) El mensaje tendrá más aceptación si el público puede identificarse con el orador. Es importante que el público perciba una semejanza de factores tales como estatus social, educación, actitudes y creencias entre él y el orador.

3) La credibilidad de la fuente está determinada por la impresión total que tiene el receptor y no sólo por su presentación en el momento de la ponencia. Esto quiere decir que la reputación del orador es un factor importante para determinar su credibilidad.

¿Cómo se desarrolla una reputación de alta credibilidad? Se recomienda al futuro orador que vaya adquiriendo el hábito de informarse, atendiendo a los medios, leyendo, instruyéndose, y además que esté dispuesto a comunicar la información que obtenga, que hable con la gente, que sea una persona comunicativa.

4) A pesar de la reputación previa que tiene el orador con su público, su credibilidad puede incrementarse o disminuirse como resultado de su conducta durante la presentación de su mensaje.

Si el orador cree que su imagen previa es alta, esto no debe ser pretexto para descuidar la preparación de su mensaje, porque, ¡cuidado!, su credibilidad está en juego. Por otra parte, si juzga que su credibilidad es baja puede estar seguro que, si ofrece una buena presentación, esto le ayudara a establecer una reputación de alta credibilidad.

5) La credibilidad del orador se determina en parte por las personas con quien se asocia. Para establecer una reputación de alta aceptación se recomienda tomar en consideración la solvencia de nuestros socios. Otra recomendación es que se busque una persona que tenga alta credibilidad con el público para hacer la presentación formal de nuestro curriculum.

6) La credibilidad del orador se determina en parte por su estatus social. La recomendación que se da para mejorar nuestro estatus social en la percepción del público es proveerle a la persona que nos va a presentar alguna información que pueda aumentar nuestro estatus social. Por ejemplo, si hemos tenido un alto puesto en el pasado.

Se recomienda que examinemos nuestras actividades para poder identificar aquellas que nos van a dar prestigio. Luego, cuando nos pidan una conferencia, podemos informar a la persona que nos presentará qué actividades hemos desempeñado que puedan estar relacionadas con el tópico que vamos a tratar y que nos alcancen a dar una buena imagen en la percepción del público. La persona que nos presenta al público incluirá esta información en la introducción.

En general entre estas recomendaciones se destacan tres puntos:

  • La reputación que hemos adquirido determina en gran parte la credibilidad que tenemos ante el público, ya sea que nos conozca o solamente haya oído hablar de nosotros.
  • No obstante que nuestra reputación nos otorga alta o baja credibilidad, nuestra conducta y el mensaje que presentamos ante el público inmediato pueden afectar positiva o negativamente a nuestra credibilidad ante este público.
  • Cuando el público no nos conoce podemos contar, en la mayoría de los casos, con una actitud neutral por parte de él. Esta situación nos da la oportunidad de establecer una reputación de alta credibilidad.

nerviosismo

Por otro lado, el nerviosismo influye en la percepción que el público tiene de nosotros y de nuestro mensaje, teniendo como peligro potencial el riesgo de perder la aprobación social. Este nerviosismo es energía que nos prepara para enfrentarnos con el peligro potencial, por lo que debemos aprovechar esa energía, si no, esta funcionaría en nuestra contra. Se sugiere, entonces, preparar bien el mensaje , que interese al grupo y sobre el que se tenga abundante información sobre el tema y sobre todos los acontecimientos nacionales y mundiales para poder responder a las preguntas que dirijan al orador al finalizar su exposición, y, finalmente, habrá que comprometerse con las ideas propias que se compartirán con el público; además, se sugiere utilizar apoyos visuales para la presentación, visitar el lugar donde se presentará el discurso…

Una de las formas que se aconsejan para perder el nerviosismo es practicar la comunicación oral de manera rutinaria, aceptando cualquier invitación para hablar sobre cualquier tema y ante cualquier público. Y, por si fuera poco, es necesario aprender a relajarse, frente al público y frente a las múltiples situaciones que se enfrenta en su vida diaria. Para esto, es necesario haber aprendido a no presionarse y no dejar que otros lo presionen. En relación a este punto se sugiere también: respirar profundo antes de cualquier presentación; responder a las situaciones diarias de una forma calmada, razonada y madura; desarrollar la habilidad para organizarse, optimizando tiempo y energía; tener buena alimentación.

microfono

Un factor que influye en la percepción que el público tiene de nosotros y de nuestro mensaje, es el nerviosismo que todos sentimos al enfrentarnos con un auditorio.Después del enfrentamiento con el público no es raro oír comentarios como los siguientes:

  • “Mi problema fue el nerviosismo.”
  • “Me dio miedo al momento de pasar; mi máximo problema fue el nerviosismo.”
  • “Me sentí nervioso al ser yo el centro de las miradas.”
  • “Estuve demasiado nervioso, sentí que hablaba tembloroso.”
  • “Estuve tenso del cuerpo.”
  • “Mi problema fueron los nervios y las carreras, es decir el tratar de acabarrápido debido a los nervios.”
  • “Me sentí nervioso al pasar al frente y pensar si realmente gustaría el tema,mi personalidad y modo de dar el discurso.”

Estos comentarios reflejan una preocupación común entre todos los que enfrentamos a un público. Es normal la reacción emocional y física ante situaciones importantes, como es la de la comunicación oral. Estamos arriesgando nuestra reputación al abrirnos ante un público, al demostrarle nuestro punto de vista o tratar de informarlo de algo. La situación de comunicación oral es importante y por eso nos sentimos nerviosos, nos percatamos del peligro potencial de no quedar bien con el público.

El nerviosismo que sentimos ante el público es una respuesta emocional y física normal que nos indica que estamos enfrentándonos a una situación importante y peligrosa. Ante cualquier situación de peligro respondemos con nerviosismo. Un cazador que se enfrenta con un oso, aunque tenga experiencia en la caza, seguramente respondería emocional y físicamente ante la situación. Es una situación de peligro potencial. El peligro potencial en la situación de comunicación oral es el riesgo de perder la aprobación social tan importante para cada uno de nosotros si queremos vivir en sociedad.

El hecho de que nos sintamos nerviosos ante la situación de comunicación en público no debe desilusionarnos, sino al contrario. Si nos sentimos nerviosos nos damos cuenta de que somos personas responsables, que respondemos a la situación en forma normal. El nerviosismo que sentimos es energía que nos está preparando para enfrentarnos con el peligro potencial de no obtener la aprobación social. Sin embargo, tenemos que saber aprovechar esta energía, porque de otra forma tal energía, que podría ayudarnos a lograr la aprobación social, funcionaría en nuestra contra, evitando que presentemos nuestro mensaje adecuadamente.

Las siguientes sugerencias se ofrecen para ayudarte a canalizar esta energía para tu ventaja.

  • Prepara bien tu mensaje.
  • Si has dedicado tiempo y energía a preparar un mensaje es probable que quieras comunicarlo. Si no lo has preparado, al tener que presentarlo te sentirás nervioso.
  • Selecciona un tema que pienses que va a interesar al grupo, que te interese a ti, y sobre el cual tienes información. Si quieres hablar de un tema sobre el cual no estás bien informado, tendrás que realizar tareas de investigación, y esto requiere tiempo. Si no tienes tiempo para investigar adecuadamente, es mejor no intentar hablar sobre tal tema y seleccionar otro.
  • Utiliza apoyos visuales en tu presentación. El uso de estos recursos en una presentación tiene dos ventajas. Primero, te ayudará a recordar la secuencia de tu mensaje. El visual demostrará los puntos importantes del mensaje y, mientras hablas, fácilmente te acordarás de estos puntos.
  • Una vez que elabores tu mensaje practícalo con un amigo, con un grupo de amigos, ante un espejo, mientras te afeitas o te maquillas. Practícalo caminando, en la clase, en la alberca, camión o carro, mientras te estás vistiendo o preparando la comida. Aprovecha los momentos en que estás desempeñando una actividad mecánica e inevitable para practicar tu discurso.
  • Visita el lugar donde vas a presentar tu discurso antes de la fecha de la presentación; por lo menos llega unos minutos antes de la misma Así podrás averiguar dónde están las salidas eléctricas o en qué parte podrías colgar un cartel, esto es. para que sepas con anticipación cómo vas a presentar tus apoyos visuales. Si llegas a último momento y no sabes cómo presentar apoyos, esta falta de conocimiento servirá para crearte tensión justamente en el momento cuando más necesitas sentir que tiene la situación bajo tu control.

Las cualidades de un buen orador, están, pues, en relación al público para satisfacer sus expectativas y genere una actitud positiva, y en relación al mensaje que se transmite, pues ante la falta de las cualidades necesarias del orador, se pierde el sentido del mensaje o queda nublado por comportamientos que desmerecen toda la investigación realizada por el orador. Por ello, se puede concluir este apartado afirmando la necesidad de prepararse para la comunicación oral es una de las tareas más importantes de cualquiera que desee ser parte del medio que construye la sociedad, que está al frente de los cambios socioculturales y que busca provocar un cambio en la sociedad.

Referencias Bibliográficas:

BEETTINGHAUS, E.P. (1973), Persuasive Communication, New York: Holt, Rinehart and Winston.

BREMBECK W.L y HOWELL W.S. (1976), Persuasion: A means of Social Influence, USA: Prentice Hall International

KENNEDY G. (1963), La oratoria en el siglo IV, en: P. E. Easterling y B.M.W Knox (eds), Historia de la literatura clásica I. Literatura Griega, Madrid: Cambridge

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